Dos soledades que se reconocían

Si de pronto nos cruzamos
nos miramos y te acuerdas de mi,
disculpa
que me haya despedido así.
Como nunca,
o como siempre.
No podía ser
de ninguna otra manera

¿Aguna vez has pensado
que somos visceralmente
iguales?

He vuelto a la ciudad
años después.
En el mismo cuerpo
pero diferente.
Algo así como todas las botellas
que rellenábamos de agua por las noches.

He pensado
en la longevidad de los minutos.
Contigo.
Sin ti.
Conmigo.
Sin ti.
Y al fin he entendido
todo lo que he ganado
mirándote a lo lejos.

No lo siento.
Lo que quiero decir
es
que
no pudo ser
de ninguna otra manera

Yo me fui
varias veces
y tu seguías en la misma ciudad
con la misma gente
regalando rosas de madrugada
mientras te anclabas a una vida inmóvil.

Y tu
tu te fuiste
varias veces.
Mucho antes.
Te ibas cada mañana
mientras yo seguía en tu cama
intentando evitar la idea
de que me gustaba esa habitación
apestando a cigarrillos
y a popularidad inhumana.

Ya sabes,
a todo desenlace le sigue un final.
Y aquí lo tienes.
O al menos lo tuviste.

Lo de siempre,
como siempre,
de ninguna otra manera.

 

Marina Seijas.

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