Después de todo, ésto no está mal

Un ser inerte
dice “duerme”
a diez centímetros de mi cuerpo.
Al menos dime
lo que quieres de mi,
dices.
Que te mueras,
pienso,
y sonrío.

No entiendo
como puedes creer,
a caso,
que me he parado a pensar
lo que quiero de ti,
cuando ni siquiera se
lo que quiero
de mi misma.

Levanto la cabeza.
Miro fijamente
mi reflejo en el espejo
y digo:
duerme,
pero al menos dime
lo que quieres de mi.
Duermo.

 

Marina Seijas.

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Si quieres puedo quererte hasta mañana

Podría escribir,
sobre todo y sobre nada.
O sobre todo lo que no tenga
nada que ver con esto.
Con lo mucho que llueve en Abril.

Prefiero escribir
sobre ti,
o vosotros.
Mejor eso.
Generizarlo todo,
para ahorrarme tinta,
y locura.

Siempre me pregunto
si se puede amar en plural.

Café.
Tabaco.
Salgo a la calle
y voy a tu casa.
Estás sonriendo.
Siempre me miras
demasiado fijamente.
Una vez nos quisimos
entre mucha cerveza,
pensé.

No se que hago aquí,
pero me gusta.
Me rio
mientras pienso en lo que piensas.
No se si lo vemos del mismo modo,
o si tu quieres verme a mi,
y yo prefiero ver a otros.
Verte y no verte.
La misma odisea de siempre.

 

Marina Seijas.

Dos soledades que se reconocían

Si de pronto nos cruzamos
nos miramos y te acuerdas de mi,
disculpa
que me haya despedido así.
Como nunca,
o como siempre.
No podía ser
de ninguna otra manera

¿Aguna vez has pensado
que somos visceralmente
iguales?

He vuelto a la ciudad
años después.
En el mismo cuerpo
pero diferente.
Algo así como todas las botellas
que rellenábamos de agua por las noches.

He pensado
en la longevidad de los minutos.
Contigo.
Sin ti.
Conmigo.
Sin ti.
Y al fin he entendido
todo lo que he ganado
mirándote a lo lejos.

No lo siento.
Lo que quiero decir
es
que
no pudo ser
de ninguna otra manera

Yo me fui
varias veces
y tu seguías en la misma ciudad
con la misma gente
regalando rosas de madrugada
mientras te anclabas a una vida inmóvil.

Y tu
tu te fuiste
varias veces.
Mucho antes.
Te ibas cada mañana
mientras yo seguía en tu cama
intentando evitar la idea
de que me gustaba esa habitación
apestando a cigarrillos
y a popularidad inhumana.

Ya sabes,
a todo desenlace le sigue un final.
Y aquí lo tienes.
O al menos lo tuviste.

Lo de siempre,
como siempre,
de ninguna otra manera.

 

Marina Seijas.