Amar a Cunqueiro como me amo a mi misma

Los gallegos estábamos tranquilos aquí en esta esquina de Europa, en buenas relaciones con el océano y, eso sí, pagando anuales tributos de humanos a la que Yeats llamó en un famoso verso ‘la asesina inocencia del mar’. Nuestro don Ramón Otero Pedrayo ha dedicado páginas admirables a describir la que él llamaba ‘ la sinfonía atlántica’, ese misterioso orden vital en el que se suman la ola marina, el granito y ciertos apetitosdel alma gallega, que quizás en gran parte se resuman en la palabra saudade. Ese gigantesto animal que llaman el océano respira dos veces al día, y el gallego desde su roca lo contempla, viendo los pies del viendo brillar a lo largo del mar.

El gallego antiguo, que vio tantas ballenas costeando, nunca supo que existiera Leviatán y, por tanto, no tuvo miedo de que con el viento del Oeste viniese el hedor de la gran bestia creada por Dios antes de la creación, y con una gran marea apareciese sobre nuestra ribera su baba oscura y espesa. El mar era la claridad, la brisa vivificante, la despensa, la libertad y la aventura y, en días dolorosos, el camino de la emigración ultramarina con el ‘negreiro vapor’ de Curros. El mar próximo lo conocía el gallego mejor que su tierra de valles, colinas y montes. (…)

Y ya pueden las notas oficiales y oficiosas decir lo que quieran, que la verdad es que la pobre Galicia está sufriendo, en una parte de su mar, una gran catástrofe sin precedentes. Se lo decía hace muy pocos días a las gentes del mar: ahora deben saber que hay un monstruo, una enorme bestia imprevisible, que se llama el petróleo, que viaja constantemente hacia nuestras costas. (…)

No se puede dejar entrar en una bahía gallega a un petrolero de cien mil toneladas como él quiera, sino como queramos nosotros, bien escoltado a babor y estribor, a hora de marea, y que vomite, como el perro del Gran Turco, en el pozo que le está destinado.

Ahora padece Galicia la irresponsabilidad de la bestia petrolera. Y durante largo tiempo el mar que lavaba al gallego, las olas y la espuma, no existirá.

Y no existirán los peces ni el marisco.

¿Y de dónde saldrá el pan nuestro de cada día?

Fragmento de ‘La vecindad del océano. Fábulas y leyendas de la mar’ de Álvaro Cunqueiro.

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