Y perder el rumbo, pero nunca el norte

No es por nada que tenga que ver con ese mismo libro durante varios meses seguidos. Con los mismos poemas en bucle. Con la misma canción en bucle. Con las broncas por las plantas de los pies negras, que son la mejor forma de asegurarse de que todavía tocas el suelo. Por acostarse tarde y despertarse pronto.
Por acostarse juntos, o junto a otros.
Por enriquecerse sin dinero.
Por llorar, y llorar de risa.
Por mirar al mar, y mirarlo y mirarlo y mirarlo y no llegar a conocerlo del todo.
Por entenderlo. Por no querer separarte de él.
No tiene que ver con nada porque ya ni siquiera tiene que ver conmigo. Desde que alguien me dijo que las decisiones ya están tomadas en nuestro cerebro antes de que nosotros seamos conscientes de que las hemos tomado, ya no me molesto en decidir.
Dejarse llevar y decir siempre que sí. Querer, pensar y hacer, no?
Atar cabos y dejarlos suelos, no dejar nada en el aire, pero dejarlo todo. Deshacerse de nada y de todo. Y perder el rumbo pero nunca el norte. Ser un caos, sentirse un caos.
Ser feliz
Volar
Y sonreír.