La libertad no necesita alas, lo que necesita es echar raíces

El cuento es muy sencillo
usted nace
contempla atribulado
el rojo azul del cielo
el pájaro que emigra
el torpe escarabajo
que su zapato aplastará
valiente

usted sufre
reclama por comida
y por costumbre
por obligación
llora limpio de culpas
extenuado
hasta que el sueño lo descalifica

usted ama
se transfigura y ama
por una eternidad tan provisoria
que hasta el orgullo se le vuelve tierno
y el corazón profético
se convierte en escombros

usted aprende
y usa lo aprendido
para volverse lentamente sabio
para saber que al fin el mundo es esto
en su mejor momento una nostalgia
en su peor momento un desamparo
y siempre siempre
un lío

entonces
usted muere.

Currículum. Mario Benedetti.

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No te fíes de nadie que necesite escribir propósitos de año nuevo

Parecen personas normales cuando los ves caminando por la calle. Pero en el bolsillo tienen un papel con una lista eterna de cosas que quieren cambiar de ellos mismos. No te fíes de nadie que quiere cambiarse a sí mismo.

Si buscas listas de propósitos de año nuevo lo que encontrarás es:
1.- Voy a ahorrar más: Ahorrar, ¿Para qué? El dinero en la tumba no sirve para nada y tener 10 millones en la cuenta para gastártelos en psicólogos no es bien.
2.- Voy a comer bien: HAHAHAHAHAHAHAHAHA
3.- Voy a dejar de fumar: y te vas a dejar todo el dinero en comida, es más, en comida de mierda, así que despídete del punto 1 y 2.
4.- Voy a beber menos: si, eso puede que te vaya bien. Y fíjate, ahorrarás.
5.- Voy a dejar de salir: ¿Por qué?
6.- Voy a apuntarme al gimnasio: no vas a ir, te vas a gastar el dinero en pagar una mensualidad mientras estás en tu casa durmiendo, o de resaca, porque en estos momentos ya has asumido que lo de dejar de beber y de salir no lo vas a cumplir.
7.- Voy a dejar de liarme con gilipollas: por eso quieres dejar de beber, el alcohol te lleva a terrenos pantanosos. Ahora quieres a alguien bueno, que te lleve el desayuno a la cama y un ibuprofeno los domingos, que pasee por la playa y te necesite de vez en cuando, pero que no llegue nunca a aburrirte. Es más, no te conformas con eso y quieres que aparezca así, caído del cielo, que os conozcáis justo antes de bajarte del metro mientras te grita su número de teléfono. Suele pasar, a mi no me ha pasado pero suele pasar. Lo que puedes hacer es liarte con gente que todavía no sabes que es gilipollas.
8.- Viajar más: ¿Tu no querías ahorrar?
9.- Pasar más tiempo con la gente que mi importa: Si dejas de gastar tu tiempo en hacer listas estúpidas lo conseguirás.
10.- Aprender inglés: está claro que el 90% de los españoles no cumple lo que se propone.
11.- Ascender en el trabajo: vas a dejar de fumar, vas a dejar de liarte con gente porque piensas que todo el mundo es gilipollas, vas a apuntarte al gimnasio y no vas a ir y, aún encima, vas a dedicar tu tiempo libre a intentar ascender en tu trabajo. Olvídate de que nadie quiera pasar más tiempo contigo, porque serás super borde y estarás extremadamente estresado.
12.- Asentar la cabeza: Por dios. ¿Por qué? ¿En dónde? ¿Qué significa eso?
13.- Ser feliz: si tienes que poner esto en una lista, no estás haciéndolo bien.
14.- Cumplir los propósitos que me propongo: AHAHAHAHAHHAHAHAHAHAHAAAHA
15.- Decirle a la gente que los quiero: escribe un mensaje y envíaselo a todos tus contactos de whatsapp si así te vas a quedar más tranquilo. Parecerá una nota de suicidio.
16.- Ser prudente: con lo que te propones por supuesto que sí.
17.- Escuchar más música y leer más libros: Si no lo hacías antes es porque no querías. ¿Para qué lo vas a hacer ahora?
18.- Motivarme: “Motivao”
19.- Ser generoso: A parte de gordo, borracho, cutre e infeliz, te da igual la gente. Al final para lo único que sirven estas listas es para auto-analizarte.
20.- Ser realista: y no hacer listas que no quieres cumplir.

Me refería a un “tú”platónico. Que tenía mucho más que ver conmigo que con vosotros.

Tal vez fue la locura la que me impulsó a viajar. Puede que fuera la locura. Yo decía que había sido la cultura. Claro que la cultura a veces es la locura, o comprende la locura. Tal vez fue el desamor el que me impulsó a viajar. Tal vez fue un amor excesivo y desbordante. Tal vez fue la locura.
Lo único cierto es que llegué y les dije aquí estoy para lo que gusten mandar. Y les debí de caer simpática, porque antipática no soy, aunque a veces soy pesada, pero antipática nunca. Y lo primero que hice fue coger una escoba y ponerme a barrer el suelo de sus casas y luego a limpiar las ventanas y cada vez que podía les pedía dinero y les hacía compra. Y ellos me decían con ese tono español tan peculiar, esa musiquilla ríspida que no los abandonó nunca, como si encircularan las zetas y las ces y como si dejaran a las eses más huérfanas y libidinosas que nunca, Auxilio, me decían, deja ya de trasegar por el piso, Auxilio, deja esos papeles tranquilos, mujer, que el polvo simpre se ha avenido con la literatura. Y yo me los quedaba mirando y pensaba cuánta razón tienen, el polvo siempre, y la literatura siempre, y como yo entonces era una buscadora de matices me imaginaba los libros quietos en las estanterías y me imaginaba el polvo del mundo que iba entrando en las bibliotecas, lentamente, perseverantemente, imparable, y entonces comprendía que los libros eran presa fácil del polvo (lo comprendía pero me negaba a aceptarlo), veía torbellinos de polvo, nubes de polvo que se materializaban en una pampa que existía en el fondo de mi memoria, y las nubes avanzaban hasta llegar, las nubes de mi pampa particular que era la pampa de todos aunque muchos se negaban a verla, y entonces todo quedaba cubierto por la polvareda, los libros que había leído y los libros que pensaba leer, y ahí ya no había nada que hacer, por más que usara la escoba y el trapo el polvo no se iba a marchar jamás, porque ese polvo era parte consustancial de los libros y allí, a su manera, vivían o remedaban algo parecido a la vida.

Amuleto. Roberto Bolaño.

Le faltaba irregularidad, le faltaba el caos de la vida permanente en la que una habitación se adapta a las sinuosidades de una personalidad particular

Era la historia de una mariposa que se dedicaba a cambiar el futuro de personas aleatorias alrededor del mundo.
Se dedicaba a volar de flor en flor mientras ellos pensaban que eran dueños de sus destinos.
Todos apostaban, y afirmaban que tomaban sus propias decisiones, mientras la mariposa aleteaba, de aquí para allá. Pensaban, se creían mariposas, volando a través del océano, persiguiendo sueños que no lo eran, conociendo personas que jamás conocerían, enamorándose de alguien que no era más que el aire que dejaba el rastro de esa mariposa.
La arena que pisaban, y que metían en botellas en un intento confuso de no abandonar nunca esos lugares perfectos, era solo el polvo de sus alas. Sueños embotellados que viajaban en maletas. Inoloros pero que olían a todo. Todos del mismo color, pero todos diferentes. Miles de granos de arena asociados a miles de sentimientos. Cada uno con un nombre, ninguno era nadie.
La mariposa seguía volando y, cuando se acercaba un poco, llegaba ese olor en el aire que los transportaba a un viejo sueño.
La vida no era destino, como ellos creían, y, a veces, si coincidía, ella les traía viejas partes de esos mundos, que luego les quitaba, dejando lluvia en forma de lágrimas.
Todo estaba demasiado cerca de todo, sin horas de viaje, sin quilómetros de distancia. Todo podría volver a ser un “otra vez”, hasta el día en el que alguien, en un intento de robar su belleza, tocaba sus alas, impidiendo que la mariposa volviese a volar.
Todo se consumía poco a poco con sus movimientos cada vez más lentos. Todas esas historias quedaban atrás, en lo que ellos llamaban pasado.
La historia se terminaba, recordándolo todo, olvidando que ya lo habían olvidado.