El blues es fácil de tocar pero difícil de sentir

El problema es que cuando llegaste a casa quejándote del calor no era porque quisieras la lluvia
Era porque añobaras el frío con esa melancolía que no se puede confundir con tristeza. Pero si con confusión.
Tenías miedo del aburrimiento. Y dejaste pasar todo lo que te gusta por miedo al cansacio. Qué estupided, vamos.
Llegaste hablando del respeto como si no fuese lo primero que pierdes. Aunque lo hicieras con ojos tristes y sonrisa de medio lado.
Que tu vida era demasiado perfecta para compartirla. Eso es egoísmo.
Y ahí esta la base de tu existencia.
Siempre pensando que porque compartes todo lo material eres un ser increíble que ha bajado de marte para salvar a la humanidad del consumismo.
No imbécil.
Que lo material lo puedes poner en cajas con lazos de colores y tarjetas ridículas con frases ridículas de canciones de John Lennon y autorregalartelo todas las mañanas.
Que yo quiero la vida. Que además de ser gratis, es siempre diferente.
Y eso no quiere decir que necesite una vida entera que no sea la mia. Sino solo trozos.
Como esa cara al afinar la guitarra, que no la supera ninguna canción.
Pero ‘mejor tarde que nunca’ no existe. Y tarde siempre será tarde. Siempre será nunca.
Y al final el problema vendrá con el frío, cuando intentes volver a disfrutar del calor que ya no está.
Porque así son las estaciones.
Vienen y van.
Y muy a pesar de todos, el invierno es mucho más duro que el verano. Y el verano nunca va a estar en el invierno.

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