La vida me está haciendo el amor despacio, y voy a dejar que siga rascándome la espalda.

Aunque tenga una picadura de mosquito desde hace 3 meses, las cosas están ahí por algo, como los asuntos pendientes, y si no se va, es porque no dejo que se vaya. Porque las heridas abiertas siempre fueron más reales que las cicatrices, aunque sangren y duelan. Cada vez que me rasco la pierna soy un poco más feliz y, recordando todo, la herida se hace más pequeña.
Porque lo único que me gusta de los relojes es que son tiempo, y del tiempo, es que es igual aquí y allí. Que hasta soy nostálgica para eso, para cambiar el reloj de hora. Pero feliz.
He cogido 3 aviones y he enterrado muchísimas cosas. Pero nunca me despedí. Nunca me despedí de nada, para tener que volver a dar explicaciones.
Que no huí, aunque lo parezca, y no tenía miedo de la lluvia ni de la soledad de las puertas cerradas. Simplemente tenía las cosas demasiado claras como para saber lo que hacer.
Y ahora ya se como no volver a caerme sin tirarme.
Porque lo que quiero es tirarme todo el rato.
Y no me voy a caer.

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